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Una luz en el camino

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Hablar de muerte es hablar de amor, es hablar del amor perdido. Es volver al pasado y revivir cada instante compartido, cada aroma de un cuerpo conocido. Hablar de muerte es el espacio único en que de golpe se abren las puertas de la conciencia y la mirada puede tocar todo lo que ya se ha ido. Es una olla de comida esperando amorosa para los seres queridos, una mano que acaricia, una palabra que convence, es una vida que florece y un recuerdo que termina. Se dice que para ir hacia adelante, primero hay que cruzar la frontera del ayer. Solo la muerte de un ser amado nos toca las fibras más sensibles del ser. Hablar de la muerte es partir de una pérdida que nos duele hasta el alma. Ese dolor nos impide abrir el corazón y dar una despedida agradecida y amorosa para luego continuar con lo vivido siendo aún una mejor persona.  Es darnos cuenta de que fuimos sembrados con amor y que es tiempo de recoger la cosecha que se ha multiplicado por el cariño y el tiempo invertido. Es que ha lleg...

¿Control o ansiedad?

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Constantemente escuchamos hablar sobre personas controladoras, entendiendo este comportamiento como una conducta de poder sobre los demás y en más de las ocasiones hasta solemos jactarnos de ser controladores como sinónimo de asertividad y/o fortaleza. Nada más alejado de la verdad. Lo que en realidad ocurre es que se está viviendo desde una ansiedad crónica fundamentada en el miedo a no saber qué ocurrirá, acompañada de una urgencia de que lo que sea que se presiente, termine lo antes posible. Es intentar prever el futuro para, de alguna forma, detener lo que podría ocurrir. Se teme al pasado, al presente y por supuesto al futuro. Se teme a todo aquello que desconocemos o a lo que que se tiene un antecedente negativo. El control aparece como una necesidad de evitar situaciones a las cuales se les tiene miedo. El miedo es la mayoría de las veces de causa irracional y proviene del instinto de sobrevivencia. Se vive sin saber cuál es el peligro concreto o de dónde viene. El miedo a perde...

El culto a la felicidad

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La búsqueda de la felicidad ha tenido una importancia mayúscula en la historia de la humanidad y sin duda alguna ha tomado un auge inmenso. Los seres humanos hemos quedado atrapados en la vorágine de propuestas de aquello que se pretende y que disparara el sentido de felicidad. Ha sido necesario ir descartando objetivos que de primera ni siquiera eran propios, para así hacer un desplante de intereses personales que tal vez sí sean los correctos para lograr el tan ansiado clímax. Se ha dicho que la felicidad es el estado perfecto donde debería habitar toda persona, de tal manera que se ha convertido en el objeto de deseo de todo el mundo. A la felicidad se le atribuyen poderes más allá de lo terrenal, alineando entonces todo esfuerzo para alcanzar el estatus de suprahombre. Solo que casi siempre sin querer renunciar a una visión personal empequeñecida por la propia naturaleza humana. Ese tan ansiado éxito ha sido inalcanzable para muchos, generando un sentimiento de frustración e insati...

Efecto mariposa

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El aleteo de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo. La idea del efecto mariposa es que la secuencia interminable de hechos, aparentemente desencadenados entre sí, acaban por tener consecuencias completamente impredecibles. Si aplicamos este concepto al ser humano, tendremos que atender a la cosmovisión individual para entender que cada una de las partes de ese universo reaccionará de forma distinta a los cambios y evolucionará de forma diferente e imprevisible. El ser humano consiste en su propia experiencia de vida y al entendimiento de esto mismo, para desde ahí reaccionar a los estímulos externos con una conducta propia. Es aquí donde la interpretación de un hecho se convierte en una situación impredecible que podría desencadenar un caos en el individuo. En cualquier momento de la vida del individuo, está sujeto a la influencia del entorno para, desde ahí, construir su propio mundo que contenga elementos de sobrevivencia como mecanismos de defensa y desde ahí pertenece...

¿Prometes falsamente o procrastinas?

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Tenemos un  dicho que versa: “Prometer no empobrece” y otro que dice: “Más vale tardeque nunca”. Muchos de nosotros somos fieles a estos dichos, y los vivimos como hábitos heredados, por lo cual han sido normalizadas estas formas de hacer o no hacer. No nos damos cuenta de que estos comportamientos son una cadena de obstáculos que más temprano que tarde se voltean como bumerang hacia nosotros mismos, golpeándonos y causando incluso daños irreparables. No es tan inocuo hacer promesas falsas o decidir procrastinar porque seguramente no hemos revisado las consecuencias personales y para quien se esté involucrando en esta oleada de expectativas que se está creando para terceras personas. Es muy probablemente que estás personas resulten afectadas en sus intereses y necesidades por haber creído en el ofrecimiento de otros. Esto no solo repercute a nivel personal, en varias ocasiones causando daños graves; ocurre mucho en los espacios laborales, entendiendo que existen personas a quienes ...

De lo extraordinario en lo ordinario

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Muchas personas pasamos gran parte de nuestra vida sin "ver". Ávidas de experiencias espirituales profundas y significativas, a veces esperamos suscesos extraordinarios: una visión, el ensueño, una revelación que mueva como un terremoto los cimientos más profundos de nuestro ser.  Hace un par de semanas acudí a una especie de retiro para mujeres. Al ser mi segunda vez, iba predispuesta a los efectos del ayuno, de la falta de sueño, y esperaba con ansias el momento de quedar totalmente "abierta" para "ver", desde un estado mental y físico poco común, las señales para seguir adelante con mis procesos personales. Para mi sorpresa, la vida me tenía preparado lo que menos esperaba o deseaba: una experiencia "ordinaria".  No es que algunos de los sucesos que mencioné en el primer párrafo de esta entrada no tuvieran lugar, pero no fueron la constante pues, en principio, durante los primeros día y noche estuve ocupada con el elemento que me tocó portar: ...

La Inventada

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Y de pronto me doy cuenta de que soy nada más que una cuestión de sobrevivencia y que en mis más locos "trips" me inventé un personaje hecho a la medida de mis carencias. Y no paré de decir "Yo soy tal y cual", todo aquello con lo que adjunté mis creencias de lo que era SER. Me dijeron que si no era tal o cual, no existía y lo creí con esa fe ciega que sólo debería tener en Dios. Repetí una, otra y mil veces la misma narrativa que me vendieron y que yo compré de lo que tenía que ser, y pretendí que todos vieran lo mismo. Si no era así, entonces me enojaba que vieran algo diferente a mi cuento, que es un disfraz hecho a la medida de mi entendimiento que, por cierto, ni yo entiendo, paradójicamente. ¡Qué rabia que lo que yo intento ocultar, esté tan a la vista de los demás! Hasta que un día me inundó el síndrome de "La Inventada", y aunque ya antes lo había padecido, esta vez se instaló como uno de esos males destructores. Y ahí empieza la dismorfia que me l...